Bahía Laura · Santa Cruz
En la costa norte de Bahía Laura, rodeado por la inmensidad de la estepa y el Atlántico, se levanta el Faro Cabo Guardián. Su gran estructura metálica parece surgir directamente de una extensa colonia de pingüinos de Magallanes, una imagen que resume dos historias inseparables de este lugar: la navegación y la naturaleza patagónica.
Antes del faro ya existía aquí una señal. En 1916 la Marina instaló una baliza de hierro de 23 metros, pintada de negro, pero sin luz. Durante la década siguiente, el crecimiento de los embarques de lana desde Bahía Laura hizo necesaria una señal nocturna que permitiera reconocer la entrada a la bahía, los islotes próximos al cabo y, especialmente, la peligrosa Roca Bellaco.
Seis semanas para levantar un faro
En marzo de 1928 llegó hasta estas costas un viejo conocido de nuestra historia: el balizador ARA Alférez Mackinlay, transportando al personal y los materiales necesarios.
Los trabajos comenzaron el 14 de marzo de 1928 y solamente seis semanas después, el 28 de abril, la obra estaba terminada. Dos días más tarde, el 30 de abril, Cabo Guardián encendió oficialmente su luz.
La torre fue construida en hierro con forma de pirámide cuadrangular. El proyecto completo —torre, óptica, acumuladores, casilla, materiales y demás elementos— tuvo un costo documentado de 31.417 pesos moneda nacional. Apenas cuatro años después, el clima ya mostraba su dureza: en 1932 fue necesario combatir la corrosión utilizando 35 kilos de pintura negra y 20 de pintura blanca.
Una luz roja sobre la Roca Bellaco
Una de las particularidades más interesantes de Cabo Guardián estaba en su propia luz.
Desde al menos 1944, además de su señal blanca, el faro proyectaba un diminuto sector rojo de apenas 4 grados, orientado específicamente hacia la Roca Bellaco. Si un navegante veía aquella luz roja sabía que se encontraba alineado con el peligro.
Al otro lado de Bahía Laura se encuentra el Faro Campana, puesto en servicio apenas un mes antes, el 30 de marzo de 1928. También fue construido con intervención del Alférez Mackinlay y su luz posee un sector rojo destinado a señalar la misma Roca Bellaco. De esta manera, los dos faros trabajaban desde extremos diferentes de la bahía para hacer más segura la navegación.
¿Por qué “Cabo Guardián”?
El cabo ya llevaba ese nombre antes de que existiera el faro: la baliza instalada en 1916 aparece asociada a Cabo Guardián. Sin embargo, no se conserva una explicación histórica suficientemente documentada sobre quién le dio el nombre o cuál fue su origen.
La coincidencia resulta, de todos modos, difícil de ignorar: pocas denominaciones podrían haber sido más apropiadas para un cabo cuya gran torre terminaría convirtiéndose en guardián de la entrada norte de Bahía Laura.
El faro entre los pingüinos
Cabo Guardián alberga además una importante colonia reproductiva de pingüinos de Magallanes. Los nidos se distribuyen sobre un terreno arcillo-arenoso y muchos son verdaderas cuevas excavadas en el suelo, agrupadas en sectores de gran densidad.
Un relevamiento realizado en 2015 registró 8.131 nidos en Cabo Guardián y señaló una tendencia creciente de la colonia. El lugar forma parte de la Reserva Natural Intangible Bahía Laura, creada en 1977 para proteger este extraordinario ambiente costero y sus numerosas colonias de aves marinas.
Por eso la imagen de Cabo Guardián es tan particular: una enorme torre de hierro elevándose solitaria sobre la estepa mientras, a sus pies, miles de pingüinos regresan cada temporada para reproducirse.
Más de un siglo después de aquella primera baliza de 1916, el faro continúa marcando este remoto rincón de la costa santacruceña.
Primera baliza 1916 ·
Faro librado al servicio el 30 de abril de 1928 ·
Coordenadas 48°21′ S, 66°21′ O ·
Torre metálica troncopiramidal ·
Plano focal original 47,9 m sobre el nivel del mar ·
Alcance original 19 millas náuticas ·
No habitado ·
Construido con participación del ARA Alférez Mackinlay.
FAROS DE ARGENTINA 2027
Este faro forma parte de nuestro calendario Faros de Argentina 2027.
Trece faros, trece paisajes y trece historias fotografiadas por Florian von der Fecht a lo largo de casi tres décadas recorriendo la costa argentina.
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Santa Cruz
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