Santa Cruz
Sobre un enorme promontorio rocoso que se interna en el Atlántico, en el extremo sur del golfo San Jorge, se levanta el Faro Cabo Blanco. Su torre de ladrillo domina un paisaje de acantilados, islotes y mar abierto, a unos 88 kilómetros al norte de Puerto Deseado.
La necesidad de una señal en este punto comenzó a hacerse evidente a principios del siglo XX. La caleta sur de Cabo Blanco se utilizaba como puerto para la explotación de las salinas cercanas y el movimiento de barcos era cada vez mayor. Además, la zona presentaba rocas peligrosas, fuertes corrientes y antecedentes de naufragios. En 1896 la fragata inglesa Columbia había varado entre Cabo Blanco y Cabo Tres Puntas; la tripulación abandonó el barco y parte de sus hombres logró llegar remando hasta Puerto Deseado en busca de auxilio. 
Un faro construido con tren y cable aéreo
La construcción comenzó en noviembre de 1915 bajo la dirección del ingeniero César Caccia. El lugar elegido estaba en lo alto del morro norte, a unos 650 metros del desembarcadero.
Llevar hasta allí los materiales fue una obra en sí misma. Desde la costa se utilizó un pequeño ferrocarril Decauville de trocha angosta y, al llegar al pie del morro, los materiales subían los últimos 80 metros mediante un alambre-carril, una especie de cable aéreo de carga. Para levantar el conjunto se utilizaron aproximadamente 110.000 ladrillos trapezoidales para la torre y otros 86.900 para las construcciones auxiliares. 
La Primera Guerra Mundial también llegó, indirectamente, hasta este rincón de Patagonia: la instalación de la luz se demoró porque los componentes ópticos encargados a la firma francesa Barbier et Turenne no pudieron ser entregados a tiempo. Finalmente llegaron en 1917 y el faro fue librado al servicio el 11 de noviembre de 1917. 
Una pequeña comunidad alrededor de la luz
Cabo Blanco fue desde el comienzo un faro habitado. La primera dotación estaba integrada por unas catorce personas, entre torreros, marineros y personal auxiliar. La vivienda construida junto a la torre tenía unos 251 m², cinco dormitorios, dos comedores, cocina, despensa y dos baños. También había caballeriza, depósito y aljibe para recoger agua de lluvia. 
El aislamiento condicionaba toda la vida cotidiana. El abastecimiento llegaba inicialmente en barco desde Buenos Aires aproximadamente cada seis meses y más tarde desde Puerto Deseado. Se compraban capones en las estancias vecinas y el faro llegó a disponer de un sulky para viajar hasta Puerto Deseado en busca de víveres o dinero. El agua era particularmente valiosa: se recogía la lluvia y también se utilizaba un pequeño chorrillo cercano. 
Pero los torreros no estaban completamente solos. Cabo Blanco había llegado a ser un pequeño asentamiento relacionado con las salinas: existieron almacenes, galpones, correo y telégrafo, juzgado de paz, viviendas y hasta pequeñas quintas. El censo de 1920 registró 33 habitantes en el área rural circundante, aunque otras reconstrucciones históricas hablan de una población considerablemente mayor durante el período de mayor actividad. 
Un invento nacido del frío patagónico
El clima provocó un problema inesperado. El calor de los antiguos mecheros, combinado con el frío y la humedad, producía condensación y empañaba los cristales de la linterna.
El torrero José Fausto Vázquez ideó entonces un “guarda-calor” para los tubos vaporizadores, mejorando el funcionamiento de la luz. La solución resultó tan efectiva que fue aplicada también en otros faros argentinos equipados con sistemas franceses Barbier, Bernard & Turenne. 
Es una historia especialmente linda para tu página porque vuelve a aparecer el mismo torrero Vázquez que encontramos investigando Isla Leones.
Un faro que sobrevivió al abandono
Cuando la explotación de las salinas desapareció, el antiguo poblado fue quedando vacío. El correo sobrevivió hasta 1974 y varias de sus construcciones terminaron siendo utilizadas por familias vinculadas a la dotación del faro. Incluso en la década de 1960 se estudió la posibilidad de abandonar Cabo Blanco, pero la importancia de su señal para la navegación del golfo San Jorge hizo que se mantuviera. 
Hoy el faro permanece sobre ese extraordinario promontorio, dentro de la Reserva Natural Cabo Blanco, rodeado por uno de los paisajes más solitarios de la costa santacruceña y por importantes apostaderos de fauna marina. 

Puesto en servicio: 11 de noviembre de 1917
Torre: 27 m aprox.
Plano focal: 67 m sobre el nivel del mar
Alcance nominal: 13,9 millas náuticas
Coordenadas: 47°12′ S · 65°44′ O
Construcción: torre troncocónica de ladrillo
Característica histórica: faro habitado 
FAROS DE ARGENTINA 2027
Este faro forma parte de nuestro calendario Faros de Argentina 2027.
Trece faros, trece paisajes y trece historias fotografiadas por Florian von der Fecht a lo largo de casi tres décadas recorriendo la costa argentina.
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